Gabriela Recalde / María Rodríguez / Ritha Campaña / Maria Pisuña
RICEd: Revista de Investigación en Ciencias de la Educación, Vol. 3, No 6, julio - diciembre 2025, 18-31 30
Los resultados comparativos entre el grupo control y el grupo experimental confirmaron que
aquellos estudiantes que participaron en actividades estructuradas con material manipulativo
obtuvieron mejoras sustanciales en su desempeño lógico. Esta diferencia se expresó no solo
en los puntajes cuantitativos del postest, sino también en las observaciones cualitativas
recogidas durante las sesiones. Los niños y niñas comenzaron a verbalizar con mayor claridad
conceptos matemáticos, a mostrar mayor disposición para resolver problemas y a utilizar el
lenguaje de manera más funcional, precisa y coherente en situaciones de aprendizaje.
En relación con los objetivos de la investigación, se puede afirmar que el pensamiento
lógico-matemático fue fortalecido desde sus dimensiones más básicas. La clasificación, la
seriación, la correspondencia uno a uno, el reconocimiento de patrones y la resolución de
situaciones simples fueron trabajadas de forma progresiva y significativa, lo que se tradujo en
una mejora observable tanto en las evaluaciones como en las interacciones cotidianas de los
niños. Las actividades propuestas, por su carácter lúdico, motivador y corporal, lograron
captar y sostener la atención de los estudiantes, quienes se involucraron con entusiasmo y
curiosidad en los desafíos planteados.
Asimismo, la hipótesis general de este estudio fue confirmada al demostrarse que el
uso de material concreto incide positivamente en el desarrollo del pensamiento lógico-
matemático. También se ratificó la hipótesis específica, que planteaba que una mayor
frecuencia de uso del material manipulativo genera mejores resultados. La relación entre el
número de sesiones participadas y el puntaje final alcanzado mostró una tendencia clara: la
constancia y la práctica guiada fortalecen el aprendizaje.
Más allá de los datos, esta experiencia dejó al descubierto una certeza: cuando se
planifica con sentido, cuando se pone al niño en el centro del proceso y se le brinda la
posibilidad de aprender con el cuerpo y la acción, se abre un camino distinto. Un camino
donde pensar se vuelve un juego, y donde el juego, lejos de ser una pérdida de tiempo, se
convierte en el espacio donde las ideas toman forma. En contextos educativos con recursos
limitados, como muchos de los que participaron en esta investigación, esta conclusión cobra
aún más fuerza: no hace falta tener mucho para lograr mucho, si se cuenta con una intención
pedagógica clara, una mirada respetuosa de la infancia y una confianza profunda en el poder
del juego como motor del aprendizaje.
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