
Dalma Játiva / Rocío Llumiquinga / María Gualotuña / Pilar Poma
RICEd: Revista de Investigación en Ciencias de la Educación, Vol. 3, No 6, julio - diciembre 2025, 178-189 188
por sí misma, sino en que esta potencie la mirada profesional y la mediación pedagógica del
docente.
La discusión también permite proyectar implicaciones prácticas y políticas. En el plano
institucional, la integración de la IA en la retroalimentación debe ir acompañada de programas
de formación docente continua, que fortalezcan competencias digitales y éticas. En el plano
normativo, se requieren políticas claras que regulen la protección de datos, aseguren la
equidad en el acceso y establezcan criterios de evaluación de la calidad y transparencia de los
sistemas tecnológicos utilizados. Finalmente, en el plano pedagógico, es fundamental
consolidar modelos híbridos de retroalimentación que combinen la eficiencia de la
automatización con la sensibilidad del juicio humano.
En síntesis, la discusión sugiere que el valor de la IA en la retroalimentación educativa
no radica únicamente en sus capacidades técnicas, sino en la manera en que se implementa.
La pregunta central no debería ser solo ¿qué puede hacer la IA?, sino ¿qué debe hacer al
servicio del aprendizaje?. La clave está en mantener un equilibrio: aprovechar la velocidad y
precisión de la tecnología, pero sin perder la centralidad del docente como mediador crítico,
garante de la ética y constructor de experiencias humanizadoras.
CONCLUSIONES
Los hallazgos de este estudio permiten afirmar que la inteligencia artificial (IA) constituye una
oportunidad transformadora para la retroalimentación en el aula digital, pues amplía sus
alcances en términos de inmediatez, adaptabilidad y continuidad. No obstante, su valor
pedagógico no radica únicamente en la sofisticación tecnológica, sino en la capacidad de
integrarla de manera crítica, ética y coherente con los principios de la educación inclusiva y
humanizadora.
En el plano pedagógico, los beneficios identificados son innegables: la posibilidad de
ofrecer feedback inmediato y personalizado fortalece la motivación y la autonomía de los
estudiantes; la capacidad de procesar grandes volúmenes de datos permite anticipar
dificultades y diseñar intervenciones preventivas; y la automatización de tareas
administrativas libera tiempo docente para la mediación y la tutoría personalizada. Estos
aspectos convierten a la IA en una herramienta que, bien implementada, puede contribuir a
la mejora de los aprendizajes y a la construcción de entornos educativos más inclusivos y
dinámicos.
Sin embargo, también es necesario reconocer que la IA no es una panacea. Los riesgos
identificados —sesgos algorítmicos, pérdida de privacidad, brecha digital y deshumanización
del proceso— muestran que la tecnología no es neutral y que su implementación puede
generar desigualdades si no se gestiona de manera responsable. En consecuencia, la respuesta
a estos desafíos debe ser tanto institucional como docente, articulando esfuerzos entre la
política pública, la gestión escolar y la práctica pedagógica.
En este sentido, se recomienda avanzar hacia modelos híbridos de retroalimentación,
donde la IA complemente, pero no sustituya, el juicio humano. Rúbricas mixtas, analítica
interpretada por los docentes y combinación de indicadores cuantitativos y cualitativos son
estrategias que permiten aprovechar la eficiencia tecnológica sin renunciar a la sensibilidad
pedagógica. De igual forma, resulta indispensable fortalecer la formación docente en
competencias digitales y éticas, de modo que los profesores no solo sepan usar estas
herramientas, sino que también puedan analizarlas críticamente, detectar sesgos y orientar su
uso pedagógico.
Por otra parte, la integración de la IA en la retroalimentación exige el establecimiento
de marcos normativos y políticas claras que garanticen transparencia en el funcionamiento de