Revista de Investigación en Ciencias de la Educación
Vol. 1. No 2. Edición especial. Septiembre 2025, 16-33
ISSN: 3073-1461
https://revistasfiecyt.com/index.php/riced
16
Metodologías inclusivas en la educación superior: Estrategias para la
diversidad en el aula universitaria
Inclusive methodologies in higher education: Strategies for diversity in the
university classroom
Eulalia Beatriz Becerra García
1
Karla Fabiola Romero Coronel
2
Aracelly Fernanda Núñez Naranjo
3
1,2,3
Universidad Tecnológica Indoamérica, Ecuador.
1
Autor de correspondencia: eulaliabecerra@edu.ec
Datos del artículo:
Recibido: julio 09, 2025
Aceptado: agosto 10, 2025
Publicación: septiembre 15, 2025
Palabras clave:
aprendizajes, estrategias,
diversidad, metodologías,
inclusión.
Keywords:
learning, strategies, diversity,
methodologies, inclusion.
DOI:
https://doi.org/10.53877/n9vf
br96
Este artículo está bajo la licencia
Resumen
Las metodologías inclusivas en la educación superior promueven entornos de
aprendizaje equitativos, reconociendo y valorando la diversidad del
estudiantado. Estas estrategias buscan adaptar la enseñanza para garantizar la
participación y el éxito académico de todos los estudiantes. La metodología se
basa en una revisión de la literatura, enfocada en identificar, analizar y
sintetizar estudios previos sobre metodologías inclusivas en la educación
superior. Este enfoque permite explorar estrategias pedagógicas que favorecen
la diversidad y la equidad en el aula universitaria a partir de fuentes
académicas relevantes. Los resultados revelan que las metodologías inclusivas
en la educación superior tienen un impacto positivo en la participación, el
rendimiento académico y la permanencia estudiantil. Entre las estrategias más
destacadas se encuentran el aprendizaje basado en proyectos, el diseño
universal para el aprendizaje (DUA), el trabajo colaborativo y la enseñanza
personalizada. Además, se evidencia la importancia de la formación docente
en inclusión y el compromiso institucional para transformar prácticas
educativas tradicionales hacia modelos más equitativos y accesibles, es
relevante que las instituciones universitarias impulsen políticas formativas,
capaciten a los docentes y adopten enfoques pedagógicos flexibles y
adaptativos que garanticen el acceso, permanencia y éxito de todos los
estudiantes.
Abstract
Inclusive methodologies in higher education promote equitable learning
environments by recognizing and valuing diversity. These strategies seek to
adapt teaching to ensure the participation and academic success of all
students. The methodology is based on a review of the literature, focused on
identifying, analyzing, and synthesizing previous studies on inclusive
methodologies in higher education. This approach allows for the exploration
of pedagogical strategies that promote diversity and equity in the university
classroom based on relevant academic sources. The results reveal that
inclusive methodologies in higher education have a positive impact on student
participation, academic performance, and retention. Among the most notable
strategies are project-based learning, universal design for learning (UDL),
collaborative work, and personalized teaching. In addition, the importance of
teacher training in inclusion and institutional commitment to transforming
traditional educational practices towards more equitable and accessible
models are evident. It is important that university institutions promote
Metodologías inclusivas en la educación superior: Estrategias para la diversidad en el aula universitaria
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training policies, train teachers and adopt flexible and adaptive pedagogical
approaches that guarantee access, retention and success for all students.
Forma sugerida de citar (APA):
Becerra-García, E. B., Romero-Coronel, K. F. y Núñez-Naranjo, A. F. (2025). Metodologías inclusivas en la
educación superior: Estrategias para la diversidad en el aula universitaria. RICEd: Revista de Investigación en
Ciencias de la Educación. 1(2). Ed. Esp. 16-33. https://doi.org/10.53877/n9vfbr96
INTRODUCCIÓN
En el contexto de la educación superior, el crecimiento acelerado de la matrícula estudiantil
ha puesto de manifiesto importantes desafíos para garantizar la inclusión de todos los
estudiantes, especialmente aquellos con discapacidades, en entornos virtuales de aprendizaje.
A pesar de los avances en la digitalización de la educación, se observa la falta de participación
de los estudiantes con discapacidades en estos ambientes, lo cual se ve reflejado en la
presencia de las barreras tecnológicas y pedagógicas existentes. En este aspecto se puede
mencionar a las B.A.P. (Barreras para el Aprendizaje y la Participación) estas barreras son
obstáculos que dificultan o impiden que los estudiantes accedan, se integren y progresen en
los todos procesos educativos en igualdad de condiciones. Para vencer estas barreras es
fundamental mejorar la cultura, las políticas y las prácticas escolares de inclusión, lo cual
implica utilizar metodologías flexibles como el Diseño Universal para el Aprendizaje
(Covarrubias, 2019), adaptar contenidos y evaluaciones según las necesidades de los
estudiantes, fomentar un clima escolar respetuoso y colaborativo, capacitar al personal
docente, garantizar el acceso a recursos y apoyos adecuados, y trabajar en conjunto con las
familias y la comunidad para asegurar que todos los estudiantes puedan aprender, participar
y desarrollarse plenamente en los contextos educativos.
En el Ecuador, la educación virtual ha experimentado un crecimiento en la educación
superior. Según datos de la Secretaría de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e
Innovación (Senescyt), se proyecta que para 2025, 124,000 estudiantes se encuentren inscritos
en programas de educación a distancia, lo que representa un incremento del 8% en
comparación con el período 2017-2024. Este auge se atribuye a factores como la creciente
accesibilidad y facilidad de uso de las plataformas en línea, así como a la integración de
recursos multimedia que enriquecen la experiencia educativa.
Sin embargo, este avance no ha sido equitativo, aún los estudiantes con discapacidades
de contextos rurales y urbanos con limitaciones socioeconómicas siguen enfrentando estas
barreras que no les permite ser partícipes de la educación inclusiva. La falta de formación
especializada de algunos docentes en atención a estudiantes con necesidades educativas
específicas y la disminución del presupuesto destinado a la educación superior dificultan la
implementación de procesos inclusivos efectivos (Eybers & Dewa, 2025). Además, la ausencia
de normativas claras que regulen y fomenten la atención a esta población en todas las
universidades contribuye a su exclusión del sistema educativo virtual.
La falta de adaptación de las plataformas educativas para estudiantes con
discapacidades en Ecuador representa una problemática significativa en la educación
superior. Muchas de estas plataformas no incorporan herramientas asistivas esenciales, lo que
limita la participación de los estudiantes en este proceso de aprendizaje. Algunas
investigaciones revelan que el diseño y desarrollo de Tecnologías de la Información y
Comunicación (TIC) no siempre se ajusta a las necesidades específicas de las personas con
discapacidad, perpetuando su exclusión (Murrugarra, 2024).
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En referencia a lo mencionado anteriormente es importante regirse y actuar en base a las
normativas y políticas públicas del Plan de Desarrollo para el Nuevo Ecuador 2024–2025 como
instrumento de planificación nacional propuesto por el gobierno de Daniel Noboa, el
propósito es mejorar las condiciones de vida del contexto ecuatoriano, fortaleciendo la
seguridad integral y la inclusión social. El plan se estructura en cuatro ejes: Social, Económico,
Infraestructura y Gestión de Riesgos, e incluye 9 objetivos, 70 políticas y 105 metas. En el eje
social, se destacan acciones dirigidas a garantizar una educación inclusiva, equitativa y de
calidad, así también como la promoción de derechos para grupos históricamente excluidos,
como las personas con discapacidad, incorporando los aportes de los Consejos Nacionales de
Igualdad y a la ley Orgánica de Discapacidades (2012, reformada en 2019) la cual garantiza
los derechos de las personas con discapacidad en Ecuador, estableciendo medidas para la
inclusión educativa, social, laboral y cultural, con enfoques de género, interculturalidad y
generacional. A su vez, la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI) (2011) regula el
Sistema Nacional de Educación y promueve una educación inclusiva y de calidad, reconoce
la diversidad cultural y lingüística del país. Esta ley es clave para garantizar el acceso
equitativo a la educación para todos, especialmente en contextos de diversidad étnica y social.
Ambas leyes refuerzan el compromiso del Estado ecuatoriano con la inclusión, la equidad y
los derechos humanos en el ámbito de la educación y la sociedad.
La persistencia de un diseño pedagógico rígido que no considera la diversidad cognitiva
y cultural, junto con la falta de la actualización del docente en estrategias inclusivas, constituye
una problemática significativa en la educación superior. Esta situación limita la efectividad de
la enseñanza y la participación plena de todos los estudiantes en el quehacer educativo.
Investigaciones recientes destacan que los docentes enfrentan varios desafíos para atender a
todos los estudiantes con diversas necesidades educativas especiales (NEE), debido a la escasa
formación profesional en prácticas pedagógicas inclusivas (Stephenson et al., 2025) y la falta
de conocimientos y materiales idóneos impiden la aplicación de estrategias didácticas que
respondan a la pluralidad del aula, afectando negativamente en el aprendizaje de los
estudiantes con NEE.
La ausencia de materiales didácticos que reflejen la diversidad cultural en las aulas
contribuye a la exclusión de estudiantes de diferentes orígenes étnicos y lingüísticos. La
implementación de prácticas inclusivas requiere que los docentes reconozcan y valoren la
diversidad cultural, adaptando sus metodologías y recursos para atender las necesidades
específicas de cada estudiante. (Soledispa Zurita et al., 2024). Sin embargo, la falta de
capacitación y apoyo institucional limita la capacidad de los educadores para llevar a cabo
estas adaptaciones, perpetuando la desigualdad y la discriminación en el entorno educativo.
La UNESCO (2023) ha subrayado que la era digital posee la capacidad de contribuir,
enriquecer y cambiar la educación, acelerando el progreso hacia el Objetivo de Desarrollo
Sostenible (ODS) en la educación de calidad. Sin embargo, durante la pandemia de COVID-
19, la rápida transición al aprendizaje en línea excluyó a aproximadamente 500 millones de
estudiantes a nivel mundial, afectando especialmente a los más desfavorecidos y a aquellos
en áreas rurales. Por ello, es esencial que los países formulen políticas que aseguren que la
tecnología educativa apoye una educación de calidad para todos, sin reemplazar la enseñanza
presencial dirigida por docentes.
El acceso a los avances tecnológicos en la educación superior ha abierto oportunidades
significativas para estudiantes con discapacidades, permitiendo la personalización del
aprendizaje y la superación de barreras no inclusivas. Sin embargo, la exclusión persiste
debido a la falta de materiales necesarios y a la ausencia de formación especializada en
docentes, limitando la efectividad de las herramientas tecnológicas disponibles. Estudios
como (Stathopoulou et al., 2025) han evidenciado que las Tecnologías de la Información y
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Comunicación (TIC) facilitan la inclusión educativa el su impacto depende de la capacitación
docente y de la disponibilidad de las tecnologías adaptativas.
La aspiración de lograr una educación para todos se ve desafiada por las realidades de
los estudiantes marginados en entornos virtuales. Mientras que las tecnologías digitales
ofrecen oportunidades para ampliar el acceso educativo, su implementación ha revelado
profundas desigualdades en el tiempo de la pandemia de COVID-19 (Halanoca Puma et al.,
2022) menciona que la ausencia de capacitación en el manejo de herramientas digitales y la
deficiencia de contenidos y estrategias sobre inclusión han limitado la eficacia de la educación
en línea para poblaciones vulnerables Como señala la UNESCO (2024) las tecnologías digitales
en la actualidad se han convertido en una prioridad social la cual garantiza a la educación
como un derecho para todos los ciudadanos. Por lo tanto, es esencial diseñar e implementar
estrategias que aseguren que los avances tecnológicos beneficien equitativamente a todos los
estudiantes, promoviendo la inclusión y reduciendo las disparidades educativas.
La ausencia de adaptaciones curriculares adecuadas para estudiantes con
discapacidades en la educación superior contribuye al abandono escolar de este colectivo y la
falta de ajustes curriculares limitan la participación plena en los contextos educativos,
afectando el rendimiento académico y motivación. Estudios destacan que el proceso de
organización docente y las adaptaciones curriculares obligadamente se debe apoyar de
métodos y recursos que permitan entender, comunicar e integrar las planificaciones
curriculares (Núñez-Naranjo et al., 2020) donde estos métodos sean la base fundamental de
los aprendizajes significativos de los estudiantes para la creación de contextos de adaptación
socioemocionales y escolares que colaboren a la labor educativa y la mejora de la convivencia
escolar eficaz.
En un estudio sobre como adaptar el currículo a las necesidades de cada estudiante y
eliminar las barreras educativas afirman algunos autores que es importante aplicar
metodologías activas que a más de mejorar los aprendizajes elevan la participación plena y
efectiva de todos los estudiantes en el aula, además, la investigación resalta que la falta de
adaptaciones curriculares adecuadas traen como consecuencia el abandono escolar de
estudiantes con necesidades educativas especiales (Palacios-García, 2024). Por lo tanto, es
esencial que las instituciones de educación superior implementen estrategias inclusivas e
incluyan adaptaciones curriculares para reducir el abandono escolar en los estudiantes con
discapacidades.
Finalmente, el objetivo de este trabajo será analizar las metodologías inclusivas
aplicadas en la Educación Superior considerando los beneficios y los retos para su
implementación para lo cual se aplicará una metodología cualitativa de tipo descriptivo. Para
ello, se buscó y seleccionó textos académicos, artículos científicos y documentos educativos
que aborden estrategias para atender la diversidad en el aula universitaria.
La búsqueda de información se realizó en fuentes confiables como Google Scholar,
Scielo y Redalyc y Scopus utilizando palabras clave como “educación inclusiva en la
universidad”, “metodologías inclusivas” y “diversidad en el aula”. Se eligieron textos
publicados principalmente en los últimos diez años para asegurar la actualidad de la
información.
Una vez reunidos los documentos, se realizó una lectura general para identificar ideas
principales, ejemplos de buenas prácticas y enfoques utilizados en distintos contextos
universitarios. Esta revisión permitió construir una visión general sobre cómo las instituciones
de educación superior pueden mejorar sus prácticas pedagógicas para ser más inclusivas y
equitativas.
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DESARROLLO
La educación inclusiva tiene un enfoque pedagógico – social, que busca garantizar el derecho
de todos los individuos a recibir una educación de calidad, sin importar las condiciones físicas,
políticas, culturales o individuales. Se fundamenta además en el principio de que la
diversidad es un valor y no un obstáculo, y que las escuelas deben adaptarse a las necesidades
de cada estudiante, promoviendo la equidad de género, la participación y el sentido de
pertenencia. Este modelo rechaza toda forma de exclusión y discriminación, y resalta la
transformación profunda del sistema educativo para hacerlo accesible, flexible y justo para
todos (Misischia, 2017).
La relevancia de la educación inclusiva propone que la sociedad sea más justa,
equitativa y respetuosa de la diversidad, con el fin de garantizar que todos los estudiantes
sean incluidos más aquellos con discapacidades o necesidades educativas específicas
provenientes de contextos vulnerables, donde la mayor parte tengan acceso a una educación
de calidad con igualdad de oportunidades y se combata la discriminación en todo sentido
(Stolbov & Shchepeleva, 2024). Además, la educación inclusiva debe beneficiar a toda la
comunidad educativa también con el refuerzo de valores como la responsabilidad, la empatía,
el respeto y la solidaridad, y contribuir a la formación integral de los estudiantes para convivir
en una sociedad más justa y diversa, donde resalte la cohesión social y el respeto por los
derechos humanos.
1. Educación Inclusiva en la Era Digital
1.1. Inclusión digital y la accesibilidad tecnológica
La inclusión digital y la accesibilidad tecnológica son elementos fundamentales para
garantizar la equidad en el acceso a la información y la participación plena en la sociedad.
Según Boné y Andrade (2023), la inclusión digital implica superar las barreras que impiden a
ciertos grupos, como las personas con discapacidad, acceder y utilizar las Tecnologías de la
Información y Comunicación (TIC), especialmente en zonas rurales de Ecuador. Este proceso
requiere de políticas públicas que promuevan la alfabetización digital y la disponibilidad de
infraestructura adecuada para todos los ciudadanos.
La accesibilidad tecnológica, (Pereyra, 2014) por su parte, se refiere al diseño de
dispositivos y plataformas que sean utilizables para personas con diversas capacidades por lo
que las destrezas audiovisuales y la adaptación de tecnologías son relevantes para mejorar la
empleabilidad de personas con discapacidad. Sin embargo, identifican que la falta de equipos
adaptados y la capacitación insuficiente de docentes representan desafíos significativos para
la inserción laboral de este colectivo.
En el ámbito educativo, la accesibilidad digital facilita un aprendizaje inclusivo y
equitativo señala (Screpnik, 2024) que el uso de tecnologías accesibles permite a las personas
con necesidades específicas participar activamente en el quehacer educativo, promoviendo su
autonomía y mejorando su rendimiento académico. Este enfoque no solo beneficia a los
estudiantes con discapacidad, sino que también contribuye a una cultura educativa más
inclusiva y justa.
Los espacios educativos virtuales deben estar diseñados para ser inclusivos y
accesibles para las personas con necesidades específicas, en concordancia con las políticas
internacionales como la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
(ONU, 2006) y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En este contexto, se resalta la
importancia de dotar tanto a estudiantes como a docentes de habilidades para el manejo
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adecuado de las TIC, como parte fundamental de la accesibilidad (Escobar-Morales et al.,
2022). Así, se propone incorporar herramientas accesibles dentro de programas de inducción
o formación, con el fin de asegurar su uso efectivo y garantizar que los entornos digitales
respondan a las necesidades de toda la comunidad educativa.
Los programas de formación en habilidades digitales han tenido resultados variados,
mostrando mayor efectividad cuando integran enseñanza técnica junto con un
acompañamiento constante. Iniciativas gubernamentales como "Ecuador Digital" han
contribuido a mejorar la conectividad, aunque aún enfrentan obstáculos relacionados con su
cobertura y permanencia en el tiempo. En este contexto, el rol de las organizaciones no
gubernamentales ha sido fundamental para fomentar la alfabetización digital y facilitar el
acceso a herramientas tecnológicas (Boné y Andrade, 2023). La educación inclusiva debe
fomentar la accesibilidad a todas las personas con NEE para garantizar la igualdad de
oportunidades. Pero A pesar de los avances en conectividad y formación, es esencial continuar
con las mejoras de la accesibilidad, la sostenibilidad de las políticas públicas, para incluir a las
personas especialmente con discapacidades, las mismas que puedan involucrarse plenamente
en el entorno educativo digital y actual.
1.2. Enfoque de derechos humanos (Convención ONU sobre Discapacidad, 2006)
La Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
(CDPD), adoptada en 2006, representa un hito en la promoción de los derechos humanos de
este grupo humano. Según (Screpnik, 2024) esta Convención se fundamenta en un enfoque
jurídico que reconoce a las personas con discapacidad como entes plenos de sus derechos,
desafiando la visión tradicional que se percibía desde una perspectiva asistencialista. Este
cambio de paradigma implica un compromiso global con la inclusión, la autonomía y la
participación en todos en el contexto social.
El artículo 12 de la CDPD establece el derecho de las personas con discapacidad y a la
capacidad jurídica en igualdad de condiciones con las demás. Según Bantekas et al. (2018),
este artículo ha sido interpretado como un mandato para abolir prácticas como la tutela y la
sustitución de decisiones, promoviendo en su lugar modelos de toma de decisiones apoyada.
Este enfoque refuerza la dignidad y la autonomía de las personas con discapacidad,
permitiéndoles ejercer sus derechos civiles y políticos sin restricciones impuestas por su
condición. A continuación, se presentan otros reglamentos sobre los derechos humanos
establecidos por (Asamblea Nacional República del Ecuador, 2012).
Tabla 1.
Reglamentos sobre los derechos humanos
Norma
Artículo
Contenido relevante
Constitución de la República
del Ecuador (2008)
Art. 3
Ecuador es un Estado constitucional, social,
democrático, intercultural y plurinacional.
Art. 26
Reconoce la educación como derecho humano
fundamental; deber del Estado garantizar
acceso, permanencia, egreso sin
discriminación.
Art. 27
Educación centrada en el ser humano,
inclusiva, participativa, intercultural, diversa
y de calidad.
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Art. 156
Consejos nacionales para la igualdad vigilan
derechos de género, étnicos, generacionales y
discapacidades.
Ley Orgánica de Educación
Intercultural (LOEI, 2011 y
reformas)
Art. 4
Derecho a educación de calidad, laica,
gratuita, permanente, formal y no formal.
Art. 5
Obligación del Estado de garantizar acceso,
permanencia, egreso, igualdad,
interculturalidad.
Art. 47
Atención a necesidades educativas especiales
(cognitivas, afectivas, psicomotrices); detecta
e integra estudiantes con discapacidad;
eliminación de barreras; adaptaciones
curriculares; formación docente.
Código Orgánico de la Niñez y
Adolescencia (2015)
Art. 37
Derecho a educación de calidad con docentes,
recursos y ambientes adecuados para atender
diversidad y necesidades culturales.
Ley Orgánica de
Discapacidades (2012)
Art. 27
Derecho a acceder, permanecer y culminar
estudios en el sistema educativo, inclusivo o
especializado según evaluación integral.
Art. 28
Obligación del Estado de proporcionar
apoyos humanos, tecnológicos, adaptaciones
curriculares y accesibilidad.
Estos tratados y convenios internacionales proporcionan un marco legal para la promoción de
la educación inclusiva, instando a los países a adoptar políticas y prácticas que aseguren que
la mayor parte de los individuos, independientemente de sus necesidades individuales,
puedan acceder a una educación integral, aunque existen esfuerzos por incorporar la
Convención en políticas nacionales, persisten limitaciones significativas en áreas como
educación y empleo. Estas dificultades se deben a factores como la falta de recursos, la
diversidad cultural y la poca sensibilización sobre los derechos de las personas con NEE.
En el ámbito judicial, la aplicación el Comité sobre los Derechos de las Personas con
Discapacidad (CDPD) ha sido objeto de análisis comparativos el autor (Cisternas, 2015)
examina cómo los tribunales en diferentes países interpretan y aplican la Convención,
resaltando la necesidad de realizar un análisis coherente que garantice la protección efectiva
de los derechos de las personas con discapacidad. Este estudio subraya la importancia de la
formación y sensibilización de los operadores jurídicos para asegurar una aplicación
adecuada de la Convención. En resumen, la CDPD representa un avance significativo en el
reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad, pero su implementación
efectiva requiere superar diversos obstáculos. Es esencial fortalecer la voluntad política,
mejorar la sensibilización y asignar recursos adecuados para garantizar que los derechos de
las personas con discapacidad sean plenamente respetados y promovidos a nivel mundial.
2. Desigualdades estructurales
La brecha digital hace énfasis a las desigualdades en el acceso, uso y calidad de las tecnologías
de la información y la comunicación (TIC). Esta brecha no solo involucra la disponibilidad de
dispositivos y conexión a Internet, sino también al desarrollo de las competencias digitales y
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la capacidad para utilizar la tecnología de forma efectiva (Acuña Ortigoza & Sánchez Acuña,
2020), además afirma que la brecha digital tiene tres dimensiones principales que se detallan
en la siguiente figura:
Figura 1.
Dimensiones de la brecha digital
En el ámbito de la educación superior, las poblaciones vulnerables como estudiantes de zonas
rurales, con bajos ingresos, con discapacidad o pertenecientes a minorías étnicas enfrentan
múltiples barreras asociadas a la brecha digital.
a) Acceso limitado
Estudiantes sin acceso a computadoras personales o con conexión a Internet deficiente tienen
dificultades para participar en entornos de aprendizaje virtual o híbrido.
En zonas rurales o marginadas, la infraestructura tecnológica es escasa o inestable.
b) Brecha en el uso
Muchos estudiantes carecen de habilidades tecnológicas básicas necesarias para participar
plenamente en plataformas educativas digitales.
La falta de formación en competencias digitales perpetúa la desigualdad en los
resultados académicos.
c) Calidad de la experiencia
La educación virtual depende en gran parte de la calidad y secuencia de los contenidos
digitales y de la interacción con docentes capacitados tecnológicamente.
La baja calidad de conexión o materiales no adaptados afecta la inclusión y la equidad
en la educación.
2.1. Relación con metodologías inclusivas en la educación superior
Las metodologías inclusivas buscan garantizar que todos los estudiantes independientemente
de las condiciones socioeconómicas, físicas o culturales tengan acceso equitativo al
aprendizaje. Es importante tomar en cuenta las necesidades específicas d cada persona con el
fin de buscar las mejores estrategias y lograr aprendizajes significativos.
Enfoques propuestos desde la inclusión
Para contrarrestar la brecha digital y promover metodologías inclusivas, se proponen algunas
políticas y estrategias propuestas por (Grodner & Rubin, 2025):
- Políticas institucionales de apoyo tecnológico (préstamos de equipos, conectividad
gratuita). -Capacitación docente en diseño universal de aprendizaje (DUA) y
enseñanza mediada por TIC.
- Desarrollo de contenidos accesibles, multiformato y multilingües. Acompañamiento
estudiantil en competencias digitales y orientación tecnológica
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- Accesibilidad para todos para lograr una educación superior inclusiva, superarla
implica no solo mejorar la infraestructura tecnológica, sino también transformar las
prácticas pedagógicas, garantizar la formación digital de docentes y estudiantes, y
diseñar metodologías sensibles a la diversidad. Solo así será posible lograr una
educación superior verdaderamente equitativa y de calidad.
3. Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) en Entornos Virtuales
3.1. Principios del DUA aplicados a lo digital
El Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) tiene sus raíces en los años 90, cuando el
Center for Applied Special Technology (CAST) inició investigaciones para desarrollar
tecnologías que potenciaran las posibilidades de mejorar el aprendizaje de los estudiantes con
diferentes discapacidades. Este equipo de investigación resalto la importancia de diseñar
tecnologías que permitan a los estudiantes acceder al currículo oficial y a los contenidos
actuales, el objetivo fue aplicar estos recursos en varios contextos educativos los
investigadores del CAST resaltaron la importancia de incluir estos recursos para personas con
NEE a través de libros electrónicos.
Este hecho llevó al CAST a pensar cuáles eran las dificultades que presentan los
estudiantes para desarrollar los aprendizajes, en base a una búsqueda de información
descifraron que el origen de este problema era la utilización de recursos tradicionales, los
cuales eran muy rígidos para atender a las diversas necesidades de los estudiantes. Por esta
razón, el CAST proyectó gran parte de sus esfuerzos en el diseño y desarrollo de softwares
educativos digitales para contribuir con los procesos de enseñanza y aprendizaje en el aula
centrado en los siguientes aspectos según (Alba et al., 2011).
Figura 2.
Marco de aplicación para el DUA
Los principios del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), aplicados a las herramientas
digitales, buscan garantizar que todos los estudiantes puedan acceder, participar y progresar
en el aprendizaje, aprovechando las posibilidades que ofrece la tecnología. A continuación, te
presento los tres principios del DUA y cómo se aplican en entornos digitales según (Alba et
al., 2011)
1. Proporcionar variadas formas de representación del aprendizaje como:
• Usar recursos multimedia: videos, audios, textos e imágenes.
• Incluir subtítulos y transcripciones en los videos.
• Usar lectores de pantalla y herramientas de texto a voz.
• Presentar la información en formatos accesibles (PDF accesible, HTML, etc.).
• Utilizar infografías o esquemas visuales para complementar el texto.
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2. Proporcionar variadas formas de acción y expresión como:
• Ofrecer herramientas de escritura, grabación de audio o video, y presentaciones
multimedia.
• Utilizar plataformas que permitan crear mapas mentales, infografías, blogs, etc.
• Facilitar el uso de software de asistencia (teclados virtuales, predictores de texto,
etc.).
• Integrar evaluaciones en línea con opciones variadas (cuestionarios, proyectos,
foros).
3. Proporcionar múltiples formas de implicación como:
• Incluir elementos interactivos como juegos educativos, simulaciones, quizzes
gamificados.
• Usar plataformas que permitan la autoevaluación y el feedback inmediato.
• Fomentar la colaboración digital (foros, chats, trabajo en grupo en línea).
• Adaptar el nivel de dificultad o permitir rutas personalizadas en el aprendizaje (e-
learning adaptativo).
3.2. Aprendizaje colaborativo
Es una estrategia pedagógica fundamental dentro de las metodologías inclusivas en la
educación superior, permite la participación de todos los estudiantes, independientemente de
sus características personales, culturales o académicas. Al fomentar la cooperación en lugar
de la competencia, se construyen entornos de aprendizaje donde se valoran las diferencias y
se promueve la equidad. Esta forma de trabajo rompe con los modelos tradicionales y
jerárquicos de enseñanza, ofreciendo una alternativa más democrática e inclusiva en la que
cada estudiante aporta desde sus saberes, experiencias y habilidades (Juárez-Pulido et al.,
2019).
Implementar el trabajo colaborativo en aulas diversas implica la conformación de
grupos heterogéneos, el uso de tutorías entre pares y el desarrollo de proyectos conjuntos que
permitan abordar problemas reales desde múltiples perspectivas. Estas estrategias no solo
potencian el aprendizaje significativo, sino también elevan el desarrollo de habilidades
sociales y emocionales como la empatía, la escucha activa y el respeto por la diferencia.
Asimismo, las tecnologías educativas ofrecen herramientas valiosas para facilitar la
colaboración entre estudiantes con distintas necesidades, especialmente aquellos que
requieren apoyos específicos o flexibilidad en los tiempos de aprendizaje.
Desde una perspectiva teórica, autores como (Jones et al., 2020) respaldan la idea de
que el conocimiento se construye socialmente y que la interacción entre pares es clave para el
desarrollo cognitivo. En este sentido, el trabajo colaborativo no solo es una metodología
efectiva, sino también un acto pedagógico que contribuye a la justicia social en el ámbito
universitario, para integrarlo de manera sistemática en las prácticas docentes y lograr una
educación superior más inclusiva, diversa y comprometida con la equidad.
3.3. Enseñanza multinivel
La enseñanza multinivel es una estrategia inclusiva que reconoce y responde a la diversidad
de ritmos, estilos de aprendizaje, niveles de competencia y contextos personales de los
estudiantes en el aula universitaria. En lugar de aplicar una única forma de enseñar para
todos, esta metodología plantea la planificación de actividades con diferentes niveles de
dificultad, opciones de participación y modos de evaluación, permitiendo que cada estudiante
acceda al conocimiento desde sus propias capacidades Esto resulta especialmente relevante
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en la educación superior, donde conviven estudiantes con trayectorias académicas diversas,
con o sin discapacidad, de distintos contextos socioculturales y con necesidades específicas de
aprendizaje (Rosselló Ramón, 2014).
Aplicar la enseñanza multinivel implica que el docente diseñe experiencias de
aprendizaje flexibles, con varias formas de integración, comunicación y participación,
principios que reconozcan al enfoque del Diseño Universal para el Aprendizaje (CAST, 2018).
Por ejemplo, se puede ofrecer un mismo contenido mediante textos, videos y presentaciones
interactivas, permitiendo que los estudiantes elijan cómo acceder a la información y cómo
demostrar lo aprendido (Hernández Caravaca, 2018). Esta estrategia no solo mejora la
comprensión, también incrementa la motivación y el sentido de pertenencia de los
estudiantes, al sentirse reconocidos en sus diferencias y apoyados en su proceso de
aprendizaje.
Desde un enfoque inclusivo, la enseñanza multinivel se alinea con propuestas
pedagógicas críticas que buscan democratizar el acceso al conocimiento y promover la
equidad en la educación superior la implementación requiere formación docente,
planificación intencionada y un compromiso ético con la justicia educativa. En este sentido,
se convierten en recursos que ayudan a garantizar que la universidad no solo sea accesible,
sino también significativa y transformadora para todos los estudiantes, especialmente para
aquellos que han sido excluidos o marginados del sistema educativo universitario (Echeita &
Verdugo, 2004).
3.4. Visual thinking
El Visual Thinking o pensamiento visual es una estrategia metodológica que utiliza imágenes,
esquemas, mapas mentales y diagramas para organizar y comunicar ideas de forma clara y
significativa. En la educación superior inclusiva, esta herramienta es especialmente valiosa
porque ayuda a representar conocimientos complejos de manera accesible para estudiantes
con diferentes estilos de aprendizaje, niveles de competencia lingüística o necesidades
educativas específicas (Irasema García de la Garza, 2016). Al transformar la información
verbal o textual en representaciones visuales, se facilita la comprensión, la memoria y la
comunicación de todos los integrantes del quehacer educativo.
Desde una perspectiva inclusiva, el Visual Thinking se alinea con los principios del
Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), que promueve la presentación de los contenidos
a través de múltiples medios (CAST, 2018). Utilizar infografías, mapas conceptuales,
esquemas colaborativos o pizarras visuales digitales permite que los estudiantes accedan al
conocimiento desde distintos canales sensoriales, lo cual es especialmente útil para quienes
tienen dificultades con el lenguaje escrito, como estudiantes con dislexia, TDAH o que
provienen de contextos multilingües (Ayensa et al., 2018). Además, esta técnica favorece el
trabajo en equipo, ya que los estudiantes pueden construir representaciones gráficas en
conjunto, fomentando así la colaboración y la inclusión social.
El pensamiento visual no solo mejora el acceso a la información, sino que también
estimula la creatividad, el pensamiento reflexivo y la autonomía del alumnado. Incorporarlo
como estrategia pedagógica en la educación universitaria contribuye a democratizar el
aprendizaje, al ofrecer recursos que valoran la diversidad cognitiva y cultural de los
estudiantes. Por ello, el Visual Thinking se convierte en una herramienta potente dentro de
las metodologías inclusivas, al facilitar entornos de aprendizaje más comprensibles,
participativos y equitativos para todos.
Metodologías inclusivas en la educación superior: Estrategias para la diversidad en el aula universitaria
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3.5. Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP)
El Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP) es una metodología activa centrada en el
estudiante para la elaboración de proyectos reales o simulados como eje del proceso
educativo. En el contexto de la educación superior inclusiva, el ABP es una herramienta
poderosa porque promueve el aprendizaje significativo, la participación y el trabajo
colaborativo entre estudiantes con diferentes capacidades, intereses y contextos
socioculturales (Thomas, 2000). Al permitir que los estudiantes asuman roles diversos dentro
del proyecto, se favorece la inclusión al reconocer y aprovechar la diversidad como un recurso
pedagógico valioso.
El ABP fomenta entornos flexibles y abiertos a múltiples formas de expresión, ya que
integra tareas prácticas, reflexivas y creativas, lo que se alinea con los principios del Diseño
Universal para el Aprendizaje (DUA). Esta metodología permite que los estudiantes elijan
distintas maneras de representar y comunicar sus aprendizajes a través de presentaciones,
vídeos, maquetas, informes, etc., lo que beneficia especialmente a quienes presentan
necesidades educativas específicas, barreras en el lenguaje o diferencias culturales (Ayensa et
al., 2018) Asimismo, el trabajo por proyectos suele implicar investigación, análisis crítico,
interacción social y resolución de problemas, habilidades claves para un aprendizaje inclusivo
y contextualizado.
Desde una perspectiva inclusiva, el ABP también promueve valores como la empatía,
la responsabilidad compartida y el respeto a la diversidad, esenciales en una educación
transformadora. Su carácter interdisciplinario y colaborativo permite diseñar experiencias de
aprendizaje que parten de los intereses de los estudiantes y se adaptan a sus características
individuales. Por ello, es básico integrar el ABP como parte de las metodologías inclusivas en
la educación superior contribuye a construir aulas más equitativas, participativas y orientadas
al desarrollo integral de todos los estudiantes.
3.6. Plataformas inclusivas
Las plataformas digitales inclusivas son herramientas tecnológicas diseñadas o adaptadas
para garantizar el acceso equitativo al aprendizaje a todos los estudiantes, especialmente
aquellos que presentan varias necesidades específicas. Estas barreras lingüísticas o estilos de
aprendizaje diversos. En el ámbito de la educación superior, estas plataformas juegan un
papel clave en la implementación de metodologías inclusivas, ya que permiten ofrecer
contenidos en diferentes formatos (textual, visual, auditivo), personalizar actividades y
facilitar la interacción en entornos accesibles (Del Valle Mejías, 2020). Plataformas como
Moodle, Blackboard o Canvas, cuando se configuran adecuadamente, permiten incorporar
ayudas como lectores de pantalla, subtítulos, navegación por teclado y compatibilidad con
tecnologías de apoyo.
Desde la perspectiva del Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA), las plataformas
inclusivas permiten aplicar los tres principios fundamentales: brindar múltiples formas de
representación, varios medios de acción y expresión, y variedad de formas de implicación
(CAST, 2018). Por ejemplo, mediante foros, videoconferencias, cuestionarios interactivos o
recursos multimedia adaptados, los estudiantes pueden acceder a la información y demostrar
sus conocimientos de distintas maneras. Además, plataformas como Microsoft Teams, Google
Workspace o Edpuzzle ofrecen funciones de accesibilidad que mejoran la actividad educativa
de estudiantes con necesidades específicas, como traducción automática, dictado por voz o
herramientas de lectura en voz alta.
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El uso intencional de plataformas inclusivas no solo elimina barreras físicas o tecnológicas,
sino que también fomenta la autonomía, la autoevaluación y la participación del estudiantado.
Esto es especialmente relevante en contextos de diversidad, donde las diferencias no deben
verse como obstáculos, sino como oportunidades para enriquecer el proceso de enseñanza-
aprendizaje (Del Valle Mejías, 2020). Por tanto, integrar plataformas digitales accesibles y
adaptativas en la docencia universitaria se convierte en una estrategia esencial para avanzar
hacia una educación superior verdaderamente inclusiva, donde cada estudiante pueda
aprender en igualdad de condiciones y desde sus propias capacidades.
4. El rol del docente en la educación inclusiva
En el marco de una educación superior inclusiva, el docente debe ser un facilitador del
aprendizaje diverso y equitativo. Esto exige una mirada pedagógica sensible a las diferencias
individuales de cada estudiante y al uso de las plataformas digitales que permitan
personalizar el proceso de enseñanza-aprendizaje (Larrota Medrano & Uribe Rodríguez,
2023). Los docentes no solo deben dominar los contenidos de su disciplina, sino también ser
mediadores que garanticen el acceso, la integración y el uso de mitologías para el aprendizaje
de todos los estudiantes, incluyendo aquellos con discapacidades, dificultades del aprendizaje
o trayectorias académicas no tradicionales.
Para ello, es esencial la capacitación docente en el uso de herramientas tecnológicas
inclusivas. Las plataformas digitales como Moodle, Microsoft Teams, Google Classroom o
Blackboard ofrecen múltiples opciones para implementar recursos accesibles, como materiales
en formato audio, subtitulados, tipografías adaptadas, navegación sencilla y compatibilidad
con lectores de pantalla. Sin embargo, estas funcionalidades solo son efectivas si el
profesorado está capacitado para usarlas de manera inclusiva y pedagógicamente
fundamentada (Duk & Murillo, 2016). La formación continua debe enfocarse no solo en
aspectos técnicos, sino también en cómo estas herramientas pueden apoyar a la diversidad del
aula, permitiendo distintos ritmos, lenguajes y formas de participación.
La formación de los docentes en la educación inclusiva debe ser un eje central en las
políticas universitarias. Esta formación debe abarcar conocimientos sobre accesibilidad,
diseño universal para el aprendizaje (DUA), evaluación diferenciada y uso pedagógico de
plataformas digitales inclusivas. Cuando los docentes están formados en estas competencias,
no solo aumentan las oportunidades de aprendizaje para sus estudiantes, sino que también
promueven una cultura institucional basada en la equidad, la participación y el respeto a la
diversidad.
4.1. Estudiantes en el contexto inclusivo
En el contexto de la educación superior inclusiva, es fundamental reconocer la diversidad del
estudiantado como una riqueza pedagógica y no como un obstáculo. Los estudiantes con
discapacidad, por ejemplo, enfrentan barreras estructurales, actitudinales y tecnológicas que
limitan su acceso pleno al aprendizaje (Manzanares Garmendia, 2020). Por ello, las
metodologías inclusivas deben garantizar entornos accesibles, flexibles y adaptados a sus
necesidades, utilizando recursos como el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA),
tecnologías asistivas y estrategias de evaluación diferenciada, esto implica no solo ajustar
contenidos, sino transformar la cultura institucional hacia una más equitativa y solidaria.
Asimismo, los estudiantes provenientes de diversas culturas incluidos migrantes,
indígenas y afrodescendientes aportan saberes y cosmovisiones distintas que enriquecen la
vida académica, pero también pueden experimentar discriminación, barreras lingüísticas o
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dificultades de adaptación (Duk & Murillo, 2016). Las metodologías inclusivas deben
promover el diálogo intercultural, la contextualización de los contenidos y la participación
equitativa, asegurando que el currículo refleje la pluralidad cultural del estudiantado. La
construcción de espacios académicos libres de prejuicios culturales favorece una educación
superior más democrática y respetuosa de las diferencias.
Por otro lado, los estudiantes con diversas orientaciones sexuales y de género, así como
aquellos con necesidades educativas específicas (como dificultades de aprendizaje, TDAH,
ansiedad u otros desafíos psicosociales), requieren entornos seguros y pedagógicamente
sensibles. La inclusión efectiva exige que las universidades garanticen el respeto a la
identidad, el trato digno, y el acompañamiento académico y emocional apropiado (Vaillant &
Rodriguez, 2018). Las metodologías inclusivas deben ser capaces de adaptarse a las
trayectorias de estos estudiantes mediante estrategias como el trabajo colaborativo, la
flexibilidad en los plazos, el uso de plataformas accesibles y la promoción de una pedagogía
crítica y afectiva, además se conseguirá una educación superior de calidad e inclusiva si
respetamos la singularidad, la igualdad de oportunidades y la condición de cada individuo
en los contextos educativos y sociales.
5. Políticas y Ética de la Inclusión Digital
En el contexto de la educación superior, la inclusión digital es un componente esencial de las
metodologías inclusivas, ya que garantiza el acceso equitativo a los recursos tecnológicos,
plataformas de aprendizaje y contenidos digitales. Diversas normativas internacionales
establecen el derecho de todas las personas a participar plenamente en la vida educativa, lo
que incluye la eliminación de barreras digitales. La Convención sobre los Derechos de las
Personas con Discapacidad (CDPD) de las Naciones Unidas (ONU, 2015), en su artículo 24,
establece que los Estados deben asegurar un sistema educativo inclusivo en todos los niveles,
utilizando tecnologías de apoyo y materiales accesibles. Este marco es clave para fundamentar
la obligación de las universidades de adaptar sus plataformas y metodologías a las
necesidades de estudiantes con discapacidad.
Otra referencia central es la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, que en su
Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 (ODS 4) promueve una educación inclusiva, equitativa y
de calidad para todos. Este enunciado hace referencia a la transformación digital de la
educación, donde se exige que todas las instituciones garanticen la accesibilidad a los entornos
virtuales y a la alfabetización digital de todos los estudiantes, incluyendo aquellos en situación
de vulnerabilidad (UNESCO, 2015). (UNESCO, 1995). Además, documentos como el Marco
de Acción de Educación 2030 mencionan a los gobiernos e instituciones educativas a adoptar
políticas y prácticas inclusivas en entornos digitales, en base a los principios de equidad e
igualdad.
Desde una perspectiva ética, la inclusión digital en la educación superior implica
reconocer el acceso a la tecnología como un derecho y no como un privilegio. En este sentido,
organismos como la UNESCO y la OCDE destacan que las políticas universitarias deben
incluir principios de justicia digital, garantizar la formación docente en el uso ético y accesible
de las tecnologías, y asegurar que ningún estudiante quede excluido por razones económicas,
culturales, de discapacidad o de género (UNESCO, 2021; OCDE, 2020). Las metodologías
inclusivas, entonces, no solo deben ser técnicamente accesibles, sino también diseñadas acorde
a la sensibilidad ética, fomentando el respeto a la diversidad, la participación equitativa y al
cuidado en el manejo de los datos personales en los entornos digitales.
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DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Diversos estudios recientes coinciden en la importancia de aplicar metodologías inclusivas en
la educación superior, aunque discrepan en los enfoques más eficaces. Muñoz y Ortiz et al.
(2023) y Guillén et al. (2024) defienden el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) es una
base estructural para garantizar el acceso equitativo al aprendizaje, resaltando su flexibilidad
y adaptabilidad a diferentes estilos y capacidades; sin embargo, Martín (2025) hace énfasis en
la implementación limitada en contextos reales, especialmente en instituciones con recursos
escasos dificulta lograr el aprendizaje significativo. Por otro lado, Ponce y Marcillo (2023)
subrayan la relevancia de la evaluación inclusiva mediante coevaluación, autoevaluación y
rúbricas, para empoderar al estudiante y diversificar la medición del aprendizaje, enfrentando
la resistencia de estructuras tradicionales. En un plano más tecnológico, Panza y Cajamarca et
al. (2023) destacan las Tecnologías del Empoderamiento y la Participación (TEP) son
herramientas clave para cerrar brechas digitales y promover una educación más accesible,
aunque su efectividad depende del contexto y del acompañamiento docente. En conjunto,
estos enfoques revelan tensiones entre lo estructural (como el DUA), lo práctico (como la
evaluación inclusiva) y lo tecnológico (como las TEP), lo que evidencia la necesidad de una
integración crítica y contextualizada para lograr una verdadera inclusión en el aula
universitaria.
La diversidad en el aula universitaria es una realidad que demanda una transformación
profunda en las prácticas pedagógicas, dejando atrás los modelos homogéneos y tradicionales
de enseñanza. Las metodologías inclusivas, como el trabajo colaborativo, el aprendizaje
basado en proyectos (ABP), el pensamiento visual (Visual Thinking) y la enseñanza
multinivel, permiten responder de forma flexible y equitativa a las necesidades de estudiantes
con discapacidad, de distintas culturas, orientaciones sexuales y trayectorias educativas
diversas. El rol del docente es fundamental en la construcción de entornos inclusivos y no solo
como facilitador del aprendizaje, sino también como agente activo de cambio institucional. Su
formación continua mejora los conocimientos en la era digital,sino también en las estrategias
inclusivas como el diseño universal para el aprendizaje (DUA), las tecnologías inclusivas y
gestión de la diversidad en el aula factor importante para garantizar una educación superior
justa y equitativa.
Las plataformas digitales inclusivas representan una oportunidad clave para
democratizar el acceso al conocimiento en la educación superior, pero solo si están alineadas
con principios éticos y políticas internacionales de inclusión digital. Documentos como la
Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006) y la Agenda
2030 (ODS 4) fundamentan la obligación de las instituciones educativas de eliminar barreras
tecnológicas y garantizar la participación plena de todos los estudiantes.
Finalmente, la inclusión en la educación superior no debe limitarse al acceso físico o
digital, sino también cumplir con un compromiso ético, pedagógico y político con la equidad,
el respeto por la diversidad y la justicia educativa, y fundamental integrar de manera
transversal estos valores en la planificación docente y en las políticas institucionales ,de esta
manera convirtiendo a las universidades en espacios de aprendizaje verdaderamente
accesibles, participativos y transformadores e inclusivos para todos.
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